Quienes disfrutamos el overlanding, el 4x4 y los viajes por lugares remotos convivimos con una contradicción evidente: buscamos la naturaleza precisamente porque la valoramos, pero al mismo tiempo llegamos a ella utilizando vehículos capaces de entrar mucho más allá de donde llega un auto convencional.
Eso nos obliga a hacernos una pregunta que no siempre tiene una respuesta cómoda:
¿Hasta dónde deberíamos llegar con el vehículo solo porque podemos hacerlo?
No es una discusión nueva. Aparece cada vez que vemos camionetas circulando por playas, dunas, humedales, sectores de nidificación o lugares donde el acceso vehicular genera dudas.
Y muchas veces la conversación termina rápidamente convertida en una discusión sobre quién tiene la razón.
- ¿Estaba permitido?
- ¿Realmente había fauna?
- ¿Ese vehículo produjo el daño?
- ¿La fotografía muestra lo que dice mostrar?
- ¿Siempre se ha pasado por ahí?
Todas esas preguntas pueden ser válidas.
Pero quizás existe una pregunta anterior y más importante:
¿qué conducta queremos tener nosotros, independientemente de un caso particular?
Ser “un auto menos” importa, pero no es suficiente
Una decisión individual puede tener un efecto concreto.
No entrar con el vehículo a una playa significa una huella menos, una posibilidad menos de afectar fauna, vegetación o sectores sensibles.
Eso importa.
Pero también debemos reconocer que una conducta individual, cuando queda solamente en nosotros, probablemente tenga muy poco impacto sobre la cultura general.
Podemos hacer lo correcto y sentirnos tranquilos por haberlo hecho.
Pero si nadie más cambia su comportamiento, el efecto termina siendo principalmente individual.
El desafío interesante aparece cuando esa decisión deja de ser privada y comienza a convertirse en una conversación dentro de una comunidad.
Cuando empezamos a preguntarnos entre nosotros:
- ¿Está permitido entrar?
- ¿Realmente necesitamos llegar hasta ahí con el vehículo?
- ¿Existe un camino habilitado?
- ¿Hay fauna, vegetación o zonas sensibles?
- ¿Podemos estacionar antes y continuar caminando?
- ¿Nuestra presencia podría incentivar que otros hagan lo mismo?
En ese momento ya no estamos hablando solamente de un vehículo.
Estamos hablando de cultura.
No se trata de pureza
Sería poco serio plantear esta conversación desde una supuesta superioridad moral.
Muchos de quienes hacemos 4x4 hemos transitado alguna vez por playas, dunas o sectores naturales.
A veces estaba permitido.
A veces probablemente no nos hicimos demasiadas preguntas.
Y muchas veces actuamos simplemente porque era algo habitual.
Revisar esas prácticas no significa negar lo que hemos hecho.
Significa entender que nuestra relación con los lugares también puede evolucionar.
La pregunta no debería ser:
“¿Quién lo hizo mal?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué estándar queremos tener de ahora en adelante?”
La capacidad de llegar no es una obligación de llegar
Uno de los grandes atractivos de un vehículo 4x4 es justamente su capacidad.
Nos permite cruzar caminos difíciles, acceder a lugares remotos y tener una autonomía que forma parte esencial del overlanding.
Pero esa misma capacidad exige criterio.
Que nuestro vehículo pueda entrar a un lugar no significa necesariamente que deba hacerlo.
A veces estacionar unos cientos de metros antes es suficiente.
A veces caminar también forma parte de la aventura.
A veces existe una ruta alternativa que genera menos intervención.
Y otras veces el tránsito vehicular estará perfectamente permitido y será compatible con el lugar.
No creemos que exista una regla absoluta aplicable a todos los territorios.
Creemos que debe existir criterio.
Nuestra postura como Overland Riders
En Overland Riders creemos que el acceso vehicular a entornos naturales debe realizarse con responsabilidad, respeto y dentro de los lugares donde esté permitido.
No promovemos circular por playas, dunas, humedales, zonas de nidificación u otros sectores sensibles simplemente porque un vehículo 4x4 tenga la capacidad de hacerlo.
Cuando exista un camino habilitado, una huella establecida o un sector de camping definido, esa debe ser nuestra primera opción.
Y cuando exista una duda razonable respecto del impacto que podemos generar, preferimos detenernos, evaluar y buscar una alternativa antes que avanzar por inercia.
Esto no significa que nuestra comunidad nunca vaya a circular por una playa o por terrenos naturales.
Significa que hacerlo no debería ser automático.
Debe existir contexto, autorización cuando corresponda y conciencia respecto del lugar que estamos atravesando.
De la conducta individual a una cultura compartida
Una persona que decide no entrar genera una huella menos.
Diez personas conversando sobre por qué quizás no deberían hacerlo comienzan a instalar una norma social.
Y cientos de personas compartiendo ciertos criterios pueden terminar cambiando una cultura.
Ese es probablemente uno de los mayores aportes que puede realizar una comunidad outdoor.
No solamente organizar rutas, recomendar equipamiento o compartir experiencias.
También construir criterios comunes.
Porque nuestras comunidades multiplican comportamientos.
Para bien o para mal.
En Overland Riders queremos que disfrutar el territorio y respetarlo sean parte de una misma experiencia.
No porque pretendamos ser perfectos.
Sino porque entendemos que podemos aprender, corregir y elevar nuestro propio estándar.
Nuestra posición es simple:
disfrutar el territorio sin convertir nuestra capacidad de acceso en una justificación para intervenirlo.
Queremos una comunidad capaz de llegar lejos.
Pero también capaz de reconocer cuándo corresponde dejar el vehículo atrás.